Guatemala 19156: un año de masacre. Por Miguel A. Jaimes N.

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Viernes, 08/10/2010 10:50 AM

En un lujoso hotel de la capital guatemalteca el inefable Richard Nixon cena junto al dictador Castillo Armas, un sangriento coronel que ha perseguido, exterminado y encarcelado a quien considere peligroso izquierdista.

En el festín a Nixon le bordea su pecho la máxima orden guatemalteca, a un lado una veintena de agentes de seguridad custodian la mesa redonda donde el conde presidente de los Estados Unidos come sin mirar a nadie, mientras el dictados mira a todo el mundo en cada bocado y desea que el mandatario más poderoso del mundo gire sus ojos para verlo.

Nixon ve a Guatemala como la tierra ocupada, “esto sí es el imperialismo”, bromea al terminar el postre, también traído en neveras portátiles desde la Casa Banca.

Más de quinientos treinta sindicatos, más los de la United Fruit, todos han sido prohibidos y sus hombres perseguidos, torturados, encarcelados y asesinados, mientras otros huyen en cuidado, toda la región está minada de dictaduras.

Con el Código Penal han hecho lo que se les plazca, incluso en sus artículos se establece la condena a muerte. Todos aquellos que osen participar, organizar y mostrarse ante el país en huelgas, serán asesinados.

Los partidos políticos están ilegalizados, para ellos no existe ley, están prohibidos. Los militares arrojan a grandes hogueras libros soviéticos y cualquiera literatura que les parezca insubordinada, incluso hasta clásicos y las grandes historias de la patria, incluyendo sus libertadores.

Ahora florece “El Reino de la Banana” y la Reforma Agraria estadounidense. El vicepresidente de los Estados Unidos, felicita abiertamente al dictador Castillo Armas. Nixon que era un vulgar al hablar, abierta y cínicamente expresa en sus montadas alegrías su gran satisfacción por haber derrocados a un gobierno izquierdista, comunista, pro soviético, abiertamente marxista leninista, enemigos de su patria, la cual manejo al mejor de sus antojos.

Para ellos Guatemala es libre de cualquier amenaza interna y externa. Mientras el depuesto presidente Jacobo Arbenz se somete a un exilio político en México, la trasnacional de las frutas tristes, explota a los trabajadores, financia muerte y tortura a quienes consideren revolucionarios.

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