Ernesto Che Guevara de la Serna. Por Miguel A. Jaimes N.

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Lunes, 11/10/2010 11:22 AM

Hablar de Ernesto Guevara es recordar El Diario del Che en Bolivia, más todo el legado de libros que escribió. Sus discursos y sus inmortales Hasta la Victoria Siempre y Patía o Muerte.

Muchos argentinos no nombran al Che Guevara, unos apenas lo recuerdan y otros, muy pocos lo llevan en su eterno corazón. Uno de ellos me decía que muy pocos porteños llevan dos apellidos como los tenía el Che.

Este pertenecía a una familia de clase acomodada, estudio y se hizo médico y a pesar de su terrible asma siempre estuvo dispuesto a caminar a un lado de la historia. Hablar del Che es referirse a un hombre humilde, sinceró y ejecutor.

La familia Guevara de La Serna fue símbolo de buen vivir, de buena familia económicamente ablando. Pero desde muy joven, formo en su seno al mundialmente conocido revolucionario.

En videos blanco y negro lo vemos en espléndido trabajo voluntario y de cómo explicaba que el trabajo a pesar de ser duro, tenemos que convertirlo en esperanza, alegría, metas y verdad.

Su conciencia empezó a tomarla cuando un día montado sobre una vieja moto recorrió caminos, ciudades y países enteros. Ese viaje que aun sentimos lo hizo llegar hasta lo más alto de nuestras montañas.

Así llego hasta el hoy conocido y reivindicado lugar de nuestra revolución: El Collado del Cóndor. Por orden presidencial se colocó una bella estatua de vidrio, solo acompañada con el frio de casi cuatro mil metros de altura y de todos los visitantes que se aglomeraban en vacaciones e iban a verle, sentirle, quizás, oír el latido de sus palabras.

Hoy, dicha imagen fue destruida, partida, la arrancaron de los páramos merideños, pero por ahí paso y nada hasta ahora logra separar su caminar de tiempos que son presentes para todos nosotros.

Igual de viva esta la quebrada del Yuro, cuando unas balas colaboraron en su captura. La escuelita de La Higuera en Bolivia es reivindicada por el presidente indígena Evo morales.

Hoy esas montañas están llenas de flores y claveles, caminantes reconocidos y sencillos, todos reconocen la pulcra lucha del guerrillero heroico.

Por allí, aún quedan algunos sobrevivientes de lo que se llamó la maldición del Che, pocos viven de los que participaron en su asesinato, mientras las gentes de esos sitios lo veneran y le piden milagros.

De ti, mi Comandante Guevara, queda la vida, palpitan tus sueños, venciendo lo más inhumano de la tierra.

Hoy tu rostro se levanta en los cinco continentes, hoy te decimos nuevamente, hasta tu victoria, siempre…

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http://www.aporrea.org/actualidad/a110005.html

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