Senegal no juega Futbol

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Por: Miguel A. Jaimes N. (*) – M sc. Ciencias Políticas 

Lunes, 16/03/2009 11:32 PM

Senegal, país límite con el Océano Atlántico, Mauritania, Malí, Guinea- Conakry y Guinea-Bissau hacia el sur. Este país dio su gran sorpresa al mundo en la participación de la Copa Mundial de Fútbol en el año 2002 al derrotar en el partido inaugural al campeón defensor, Francia, y luego avanzar hasta cuartos de final en la competencia.

Pero este país a quien lo persigue la pesadilla del África, subdesarrollo, inmigraciones, ahora están cruzando el Atlántico en humildes peñeros los cuales los llevan a la muerte por el naufragio al frente de las costas de uno de los tantos culpables de su pobreza: los litorales Europeos. África fue saqueada durante siglos, sobre todo por el expansionismo e imperialismo proveniente de Europa.

Sin electrificación en grandes áreas, enfermedades endémicas, casi todas sus calles y carreteras de tierra, grandes cifras de analfabetismo, hambre, pobreza: verdaderos pueblos famélicos.

En el Senegal, los pobres llegan a ser el 58 % de la población, se trata de personas que sobreviven con menos de un (1) euro al día. Este país se encuentra en la lista de las naciones menos avanzadas, ocupa el puesto 154 sobre un total de 173 según el Informe Mundial sobre el Desarrollo de 2002. Aun cuando en sus tierras existen posibilidades como el turismo, la pesca, los cacahuetes y los fosfatos.

Teniendo en cuenta que el índice de crecimiento demográfico anual se sitúa en el 2,7 %, desde 1975 al 2000 y que la población actual alcanza casi los 10 millones de habitantes, de los que un 65 % se concentra sobre el 14 % del territorio, pues hay grandes extensiones desérticas, sólo la región de Dakar, la capital, cuenta con el 30 % de la población total. En las zonas rurales el 72 % de las familias son pobres.

La realidad de Senegal es la misma o peor aún que la de su país vecino, Malí y otros países de la región meridional. África no es pobre, África es rica, sus grandes y profundas vetas de oro, mármol y diamantes preciosos son saqueadas por irracionales concesiones, sus riquezas vienen a dar a nuestros continentes en grandes y lujosos barcos, aviones o yates.

Mientras que los cuerpos de cientos de senegaleses, así como la suerte de otros cientos de africanos vienen a dar en pateras inundadas a las costas de Italia o de las Islas Canarias en España. Sus peñeros despedazados, quebradas sus embarcaciones por el fuerte oleaje del Atlántico, van despedazando sus sueños antes de tocar tierra firme. Mueren sus niños, madres y jóvenes que se atreven a cruzar la última alucinación por negarse a seguir viviendo la pesadilla en sus países.

El muro invisible —el Océano Atlántico— es saltado diariamente por frágiles embarcaciones, ahogados unos, otros moribundos, agarrotados otros, son devueltos a las pocas horas de ser descubierto por el gobierno de España y de Italia de nuevo a cualquier país Africano. Los cuerpos que no entierra el mar o pican sus gaviotas posadas sobre ellos, como horrible imagen, son sepultados con un número que identifique su bote, es decir su patera. El resto de los que aguardan su deportación segura, conviven asustados ante el terror xenófobo en carpas de campaña en las arenas de Italia, donde son presionados por sus habitantes, forzando a que el gobierno se deshaga de ellos rápidamente.

Incluso el gobierno italiano ha prometido indemnizar a los habitantes y comerciantes de estas playas ya que se considera la sola presencia de estos africanos un deterioro de la imagen del lugar donde aguardan.

Son cientos los inmigrantes que viven por un plato de comida europea, la misma Europa que los saqueó y dominó, para luego entregarles su territorio a otros países como es el caso del Sahara Occidental con el pueblo Saharaui. Millón y medio de habitantes divididos por 2500 kilómetros de una franja dinamitada, la cual fue construida por el gobierno marroquí con la ayuda de Israel y los EEUU. A un costo de 1.600.000 Euros diarios y vigilada por más de 200.000 militares.

Marruecos, país que abandono su embajada en Venezuela en defensa de Israel, no estuvo de acuerdo con la expulsión soberana del Presidente Hugo Chávez de proscribir al Embajador de este país por los inmisericordes bombardeos contra La Franja de Gaza. Esta es la hipocresía internacional, la que esconde las realidades de los países que por años y siglos han dominado a la fuerza.

África espera que se haga justicia por todos los atropellos históricos a los que ha sido sometido su pueblo. Países esclavos a cuanto experimento imperial se les ha ocurrido a los países imperialistas, los cuales se creen dueños de la faz de este planeta.

(*) DOCTORANDO

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http://www.aporrea.org/internacionales/a74425.html

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