Los Marín. Por Miguel A. Jaimes N.

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Martes, 15/11/2011 02:29 PM

Un niño nieto de Marulanda

¡Pero, mi padre era familia de Marulanda! Yo no me entere de la vida de joven de él, solo después que ate grandes cabos y entendí muchas cosas, como porque los primos se iban y todos lloraban.

El se llamaba Jorge Enrique Marín, venia de los Marín, quienes comenzaron el lio en las montañas de Colombia, cuando luchaban en contra de los chulavitas, a mi padre lo llamaban el Chino Jorge. Nunca supe porque le decían así y no entendía por qué la gente cuando iba para allá me preguntaba de política. Sin percatarme crecí rodeado de adultos, luego me persuadí que era un mensajero, porque a través de mis ropas enviaban el correo cada vez que asistía por aquellas tierras. Siempre hablaba con adultos desde niño y ahora entiendo el porqué.

A una prima llamada muñeca la asesinaron en Bogotá y en mi dolor nunca opiné, ahora de grande comprendo y veo todo más claro. A un tío lo llamaban El Catire y siento que esos eran sus nombres de milicia.

Y tampoco nunca deduje porque mis tíos todos cumplían años el 29 de marzo. ¡Hay algo con esa fecha! Ese fue el día en que murió Pedro Antonio Marín. Él, era Tiro Fijo Manuel Marulanda.

Solo supe que a mi padre lo metieron preso y lo iban a matar por un asunto político cuando la violencia pero un poderoso lo sacó de la cárcel, algo de esto escuche de los primos.

Ahora, sé que la FARC comenzaron con la reunión de muchos primos. Y supe de historias de Simón Bolívar porque unas primas viejísimas tenían unas cartas de amor de sus abuelas y me contaban como El Libertador era atravesado, como dicen allá, ósea que era bravucón.

Porque Bolívar tenía sangre Marín y esta familia era busca pleitos. Apenas tendría como cinco o seis años y veía como escribían en tinta china y con pluma, en ese entonces, percibía como las cosas dejaban de ser románticas y pasaban a serias.

Mi abuela se que era de finales de los 1800 estamos hablando de las abuelas y tías abuelas de ella, quienes de verdad tenían las cartas de El Libertador.

Hay una Petronila Marín Ponte, abuela de Simón Bolívar, ella era negra, hija de negro y por eso Bolívar tuvo que ir a España a legitimar su origen blanco.

Todas esas cartas fueron herencia de sus abuelas, ellas cuentan que eran mujeres hermosísimas, eran algo así como su abuela o bisabuela, sé, que era por parte del papá por eso siempre en la casa de mis tíos en Colombia me decían que yo era de mejor familia, que nosotros éramos los Marín de la colonia, veníamos de una familia muy respetable y otras cosas así, esto que les hablo fue más o menos por los años 1970.

Yo sentía en esa época que el tiempo estaba como detenido en esas tierras, donde los antepasados compartían desde sus pocillos de peltre hasta sus siembras, nunca supe los nexos exactos pero los comentarios me alertaban.

El nombre lo averigüe yo mismo, pero siempre escuche que Bolívar era Marín, seguro como una forma de decir que era bravo y peleador. Las casas de los tíos eran grandes fincas de los años que se perdieron, eran hogares muy viejos con trapiches, allá les dicen molinos y eran familias muy numerosas.

Siempre hablaban de política estaban pendientes de todo cuanto sucedía en cada campaña electoral, esa era mi familia cercana.

Siempre he querido regresar, recordar, hacerlo y sobre todo porque mi ralea a tenido momentos bien interesantes y en cada período de vacaciones siempre fue eso, como escuchar un libro abierto de todos esos personajes contando lo que había pasado durante el año, vacaciones era ir a Colombia y los fines de semana a la Chaucha a casa de mi abuela, viví en esa morada y la mayor parte del tiempo de mi vida estaba en libertad, ahora cada vez nos encerramos más.

Esas viviendas tienen historias marcadas en sus corredores. No había una cosa más rica que ir a visitar a la Señora Elisita, ella vivía en una casona grande frente a la esquina de la plaza y mientras me atendía iba hirviendo leche recién ordeñada y su esposo horneaba pan y galletas para atender al invitado importante que iba desde Venezuela. En aquel caserón todo giraba en torno al horno de barro, sobre el cual hacían amasijos y almojábanas.

Les hablo de Santander del Sur en el centro exacto entre Barbosa y Puente Nacional. Decir Vélez es la capital de municipio y Guavata es uno de sus pueblos secundarios, de allí viene el nombre de la guayaba y de la cual Gabriel García Márquez se inspiro para escribir: El Olor de la Guayaba, esa es la capital mundial de esa fruta de pepitas tan duras, allá hay un mercado donde la venden los sábados y martes y la recogen los jueves, viernes, domingos y lunes.

Eso no lo sé yo por pura curiosidad estuve viendo algunos libros y conseguí otros nombres de los primos y de esas tierras solo encuentro un lio en puente nacional pero si sé, que ellos viajaban mucho a lugares que nunca preste atención por ser niño y era cosas de adultos.

Y si tengo una cinta grabada de una conversación de mi papá, todo esto se me despertó desde el tema de la liberación de los rehenes cuando Piedad Córdoba hablo con Chávez.

En esa conversación cuentan como un primo estaba metido en la política cuando Gaitán a quien vio como le disparaba un hombre al cual después arrastraban en pedazos de carne y como ellos se escaparon de que los mataran, se salvaron porque duraron varios días escondidos en un pantano, esas eran las conversaciones familiares, ese fue el espíritu que me gane, el de la conversación.

Lastima no haber preguntado lo realmente interesante, sobre todo porque tenía pocos años de edad y no sabía de la vida y mi papá de joven siempre forjó un silencio misterioso.

La verdad, hoy todo es muy cierto, ahora digo porque no pregunte más si tenía todas las fuentes a mano, ahora toda esa gente ha muerto, muchas cosas se perdieron para siempre.

Eso sí, lo que pasa es que ya la mayoría restante no viven allá y yo perdí contacto con ellos, no voy desde muy niño, nunca más me dejaron ir.

Mi papá siempre se empeño que yo tuviera papeles de Colombia aunque haya nacido en Venezuela, a pesar de esto me llevaron y me sacaron partida de nacimiento, nací allá como un quince de marzo en San José de Iroba.

San José de Iroba es el lugar donde mi familia tenía dos fincas: El Placer y El Escobal, recuerdo que como a los once años fuimos un día a Cúcuta a sacar la tarjeta para luego tener Carnet de Identificación.

San José de Iroba es una aldea de Guavata, igual que Botuba, Naranjales, Helechal, Las Puentes, Lomitas, Tres Esquinas, Mata Redonda (de donde eran los matones, siempre lo decían a manera de insulto). Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. Esos pueblitos son como a cinco horas de Bucaramanga, ahora, será algo más cerca.

Tengo fotos de mi abuelo Sebastián con mi tía Lucrecia y mi abuela Fermina, quien era comadrona, tenía unas gallinas y hacia un caldo excelente a lo cual le debo que no me guste el café.

Tengo una foto vieja, pálida por el tiempo con la vaca de Titico y Elvira, eran hermanos y ella mi abuela paterna, fotos donde están los llamados guavateños, sembradores de cacao y hacedores de chocolate.

Vestidos con ropas que nos parecen antiguas, metidos entre carreteras sinuosas, caminos empedrados, parecía escenografía de épocas antiguas con gente que caminaba al lado de sus mulas llevando cargas, descalzos, eran momentos de lluvias donde las alpargatas se enterraban en el barro.

Si lo sabré, me lo pasaba caminando de finca en finca llevando razones y mandados, pero si me preguntaban muchas cosas y yo no sabía mucho de política parecía un viejo hablando de cosas.

Me decían niño, señor, Don Rody y todo era una atención, siempre me preguntaban: ¿cómo esta su merced? Y es que de muertes está llena la historia familiar, si cada viaje que hacía a Colombia eran varios funerales, unos por muertes naturales, viejos, otros como dicen por allá, de accidente.

Un primo salvo a mi papá, eso fue cuando la zona de despeje de Pastrana, un día leyendo el periódico vi el nombre de Marulanda y pues su cara me pareció familiar, allí fue que me entere que se llamaba Pedro Marín y yo me dije, ¿este señor no será familia de mi papá? Y como dicen que el que busca encuentra yo seguí con mi cosa hasta que conseguí nexos.

Cuando las idas con mis primos de por allá me preguntaban dónde anda fulano y cuando viene, y luego, o llegaban con la noticia de su muerte o que andaba perdido.

También el apodo de mi papá y mis tíos y en el 2008 cuando hicieron la primera entrega de los que estaban secuestrados un vecino me dijo: ¿ah, por eso era que andabas en Caracas llevándole la carta a Chávez de la FARC? yo me reí, pero la risa me duro poco cuando le pregunto: ¿por qué dice eso? y me dice; ah, como su papá cogía café con Marulanda cuando estaban jóvenes, mire muchacho, su papá me conto que eran muy amigos.

Luego me quede pensando como este señor me dice eso, y porque mi papá contaba cosas que a mí no, pero en todo caso las pruebas ya estaban echadas, ya tenía los nombres. Marulanda fallece en marzo y anuncian su muerte en mayo, eso forma parte de su sincretismo como viejos guerrilleros.

Mi papá cumplía años en marzo, averigüe que para esa fecha después de muerto que si su cumpleaños era el 29 de enero y el nació en el año 1929 y Marulanda es más o menos de esa época.

Mi tío era testigo de todos los hermanos que tenía mi papa, eran muchísimos, nunca los conocí y siempre hablaba con nostalgia de la familia de lejos y que él estuvo hospitalizado en algún lugar lejano y lo confundieron con un hermano suyo, contaba la historia que luego de tener años sin ver a su hermano lo encontró por esas confusiones de la vida en una cafetería de Bogotá.

La violencia hizo volar a toda la familia quienes eran de allí y de otras partes, ya algunos se habían mudado y nadie sabe adónde.

Lo que si recuerdo la última vez que fui en agosto de 1987 que mi tía nos hizo ir a media noche a ver a un tío, nos vinieron a buscar unos primos con caballos y a esa hora nos fuimos a una montaña, donde estaban reunidas unas cuarenta personas la mayoría hombres, tomaban guarapo, mientras las mujeres hacían sancocho y un piquete como le dice allá.

Estaba junto a una prima, hija del tío Héctor y nos toco esperar la comida como a las dos de mañana, había mucho barullo despertado por la visita de nosotros y me hacían muchas preguntas de mi papá y siempre me presentaban y decían: ¡este es el hijo del Chino Jorge! y todos andaban con la cosa del murmullo.

Sin perder tiempo percibí que todos conocían y querían mucho a mi papá y lo extrañaban, eso fue en una vacación que andaba con Nayibe, otra prima de Bogotá, de quien después se anuncio que había tenido una muerte misteriosa. Mi familia había nacido para morir, así lo aceptaban todos y los hombres siempre le pedían a los esposos o novios en tono de broma ¡pongan a parir esas mujeres, miren que las cosas se van a poner más buenas y el país los necesita!

El caso es que dijeron que mi prima había muerto pariendo pero nunca se supo que estuviera embaraza o de una supuesta hija que tuvo.

Había muchos primos, pero lo que me llama la atención ahora es porque no fueron al pueblo o no se reunieron en alguna finca, para robar gallinas no creo que se escondían y los gitanos no frecuentaban esa zona.

Según me decía tía Alicia, nosotros teníamos familia en Bolívar y en Sucre que son pueblos más o menos cercanos, nunca los he visitado pero me quedó la duda por irlos a conocer.

Mi papá tenía muchísimo hermanos que nunca conocí, siempre hablaba con nostalgia de la familia de remota y que él estuvo recluido en algún lugar vetusto y lo confundieron con un hermano suyo y nos contaba el cuento que luego de tener años sin ver a su hermano más recordado, una tarde se lo encontró por pura casualidad, cuando bajaba los viejos escalones de ladrillo de una iglesia, después de ir a pedir y colocarle una vela roja a una prima que se le había aparecido en un sueño, era la guerrillera más antigua de Colombia y que al voltearse después de persignarse a un lado de las gigantes puertas del templo vio que su hermano lo esperaba con las manos extendidas para darle el abrazo que había esperado durante años.

Después caminaron cada uno con una chaqueta blanca de un envejecido paltó y con un sombrero de paja, mientras caían hojas que mas nunca volverían a las ramas de aquellos viejos árboles centenarios de la Plaza de Bolívar.

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http://www.aporrea.org/internacionales/a133633.html

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