Donde miran los girasoles

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Por: Miguel A. Jaimes N. – M sc. Ciencias

Jueves, 29/10/2009 08:20 AM

Dedicado al Frente Francisco de Miranda

Con sus consignas lanzadas al aire de las conciencias, “Presidente ordene, ordene sobre este frente” se escuchan hidalgos jóvenes capaces de concebir desde sus morrales con sus corazones adentro el comienzo de un nuevo país.

Bajo el espíritu de Santiago Francisco de Miranda Rodríguez, el glorioso caballero de los cabellos de oro, quien llego hasta la Rusia de aquellos interminables siglos, ganándose el amor de Catalina, combatiendo en Francia, y hoy reposando parte de su hálito de energía en El Arco de Triunfo francés.

Regreso a Venezuela a borde de El Leander y dos buques mas alquilados y que perdió en aquella travesía de traer la bandera tricolor a su patria natal. Partió desde Haití, ayudado por un grupo de revolucionarios, Los Jacobinos Negros, quienes brindaron apoyo en logística, recursos y armas para la liberación de nuestra nación.

Siglos atrás la solidaridad entre grupos y personas era mayor, no había miramiento entre los montones de revolucionarios pertenecientes a diversos países en ayudarse, hoy la solidaridad la la liberación enfrenta la trampa de las leyes, cuerpo de acorazados panfletos prohibidores de cualquier iniciativa de libertad.

Y es justo el respaldo quien en silencio ha emprendido un grupo de jóvenes arropados en el más noble ideal del libertario Francisco Miranda, Frente que hoy acobija su nombre, su palabra y sus hechos.

Crepusculares mujeres y hombres, niñas y niños, que al paso de la palabra, ¡Señores buenas, llego la revolución! Se les ve subiendo intrincadas montañas, enmontados caminos, esperando que un rio baje y poder pasar al otro lado de la orilla donde un ser humano necesita de su ayuda.

Andan por cientos de pueblos, conocen el país, caminan, trotan, sudan, se empapan y se vuelven a secar, pero nada logra detenerles, miran siempre hacia el sol, caminan siempre con el sol.

Jóvenes rozagantes que se comparten su avío, y acompañan su cobija o su abrigo con otro pobre, incólumes se levantan casi de madrugada, la montaña no los detiene y en formación cantan con la energía del frio, Gloria al Bravo Pueblo.

Muchachos rescatados de los problemas, saben muy bien de donde vienen, han sentido la escasez, la carencia, la ausencia de un juguete en navidad o cumpleaños, niños que se han acostado sin probar bocado, viendo la parvedad de su madre, incluso hasta la ausencia de su padre.

Niños que de noche han oído los maltratos de un vaho del licor, jóvenes cargadores de pesadillas, pero encaminados a cumplir todas las tareas revolucionarias, desde colocar bombillos, hasta acompañar a los últimos caminos a la Misión José Gregorio Hernández, aprendiendo a cumplir los compromisos de la nación.

Vespertinos girasoles de la patria, miradores del sur trémulo y distante, muchachos de paso firme, caminantes del silencio e incólumes ante la pantallería o la arrogancia, nunca cumplen años o celebran con escandalosas fanfarrias o estruendosas y lujosas caravanas.

Jóvenes girasoles, arreadores en caminos agrestes, donde ninguna collado, paso o camino, detiene su misión. Veteranos reyes de la vida acompañados del girasoliado espíritu Mirandino.

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