Desempleado. Por Miguel A. Jaimes N.

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Miércoles, 04/07/2012 10:47 PM 

Evaristo es un personaje de la imaginación venezolana el cual encarna las desgracias de los andan luchando por sus principios de ciudadano. Camina sin empleo, palancas ni medios para andar codeándose con quienes pudieran resolver sus problemas, pues no adula y pasa desapercibido.

Sorprendido, ve a excelentes profesionales desempleados dentro de las filas de la revolución, mientras cientos de oportunistas son los asalariados de 15 y ultimo, aprovechándose de los beneficios de este proceso.

La formación opositora e indiferente de un gran porcentaje de estos empleados los presenta como activos enemigos al acecho, aprovechadores de cualquier oportunidad que dé al traste con alguno de los logros del proceso, sin espantar su sueño de ver destruida definitivamente el gobierno del Presidente Hugo Chávez.

Mientras todo esto sucede, Evaristo observa impávido desde donde lucha incansablemente porque la monotonía del desempleo no lo adsorba, a veces sueña desde una plaza y otras tantas desde su almohada.

Pero se ha creado un trabajo imaginario en el cual diariamente monta su agenda del día, planifica, gerencia y tiene imaginarias juntas, reuniones y asesorías, quizás mas bien consejos.

Cree en el trabajo voluntario tal y como lo comprendió desde las lecturas de Ernesto Che Guevara. No tiene libreta de banco alguno y conserva un par de soñadoras Tarjetas de Debito sin chip las cuales se imagina introducir sin resultados en algunos de los cajeros de esos que no sirven y que se mantienen llenos de mugre. También, guarda una chequera de una agencia de las quebradas por la usura.

Pero se siente un hombre tomado en cuenta por el Estado, sale reflejado en las estadísticas del INE de los muy pocos desempleados que habitan en la Nación.

Cada día se levanta persignándose y convocando para su cuido y el de su familia a la Santísima Trinidad, debe muchas peticiones que aún no ha podido cumplir, pero las achaca por no tener dinero para las velas.

Lleva tiempo que no va a la bodega ni descambia billetes o monedas, da gracias a Dios porque ya no cobran en los peajes y en algunos momentos suele hacer una sola comida, a pesar de todo intenta como habito ser positivo y cree que comer mucho enferma ya que en el país hay una alta estadística por muertes del corazón.

No cobra quincenas, vacaciones, aguinaldos ni bonos, a nadie le pide prestado y ningún banco le acepta el formato de solicitud de Tarjetas de Crédito, pero el prefiere no meterse en gastos eventuales.

Monta reuniones, encuentros, promete ir a congresos y eventos que van quedando en los sueños de su memoria.

Tiene amigos interesantes de grandes ideas y de profundas reflexiones que todos escuchan pero que no tienen eco en los oídos que deciden.

A veces, algunos días le son muy opacos así afuera este destellando un ardiente sol y las temporadas de huracanes o lluvias se anuncien desvariadas por el daño climático.

Sin dinero sabe que muchas ideas están condenadas pero las arrastra al máximo de muchos sueños que nunca intentará dejar caer y a los cuales considera extraviados en la neblina, pero pronto volverá a verlos, aunque sin poderlos tocar.

Caramba, pero ante tanta palabrería, sofocante maledicencia y oportunismo, opta mejor por callar, es mejor tomar fuerzas y convocarnos en un país inconcluso, lejano, pues en este de los 7.000 millones ya no cabemos.

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http://www.aporrea.org/actualidad/a146307.html

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