Del arrabal de Córdoba. Por Miguel A. Jaimes N.

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Miércoles, 21/03/2012 02:14 PM

Córdoba, Argentina, el mayo sureño de 1918. Los estudiantes nos dejaron el antecedente más legítimo sucedido en el mundo, quizás ningún otro, como él hasta ahora vivido ha tenido una de las mayores significancias en todo el Planeta: la trasformación o revolución o revuelta universitaria.

Estos hechos siguen siendo de análisis, desde la agitación parisina del Mayo Francés hasta las rebeliones estudiantiles venezolanas, todas nacieron desde las tierras de Domingo Faustino Sarmiento.

Los cambios planteados desde los sucesos de Córdoba pueden medirse por el hecho en que cada vez que en algún país se han planteado cambios universitarios nunca dejan de evocarse los sentimientos de Deodoro Roca y el de todos sus camaradas.

Cuando hoy, en muchos países, incluyendo a Venezuela se trata de renovar a los viejos rectores del no cambio, los congelados, pues las autoridades universitarias llevan el mismo “coraje” del entonces Rector, el Dr. Nores, identificado con los de ahora por seguir manteniendo ideas anacrónicas al servicio ideológico de la derecha.

Los rectores, autoridades universitarias y los consejos universitarios sobre todo de las universidades autónomas venezolanos son el rescate de los pensamientos conservadores del país. Mientras, han desarrollado amplias cadenas de privilegios, manejan a su antojo el presupuesto, convertido en secretos universitarios, venta de cupos como es el caso de la rectora de la UCV Cecilia “Arocha”, mas contratos desviados hacia sus beneficios personales, mientras esconden a la universidad ante los reclamados cambios que piden a gritos nuestros tiempos.

Grandes escritores se han encargado a lo largo de nuestros siglos en reencontrar bibliógrafas y análisis de aquella época. Los trabajos más importantes los encontramos en: José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella, Aníbal Ponce, Héctor Agosti, Juan Marinello, Ernesto Giudici, Carlos Rafael Rodríguez, Jorge Thénon y otros.

Mientras que el ejemplo del estudioso abogado Deodoro Roca con apenas veintiocho años, quien ya era miembro del Comité Córdoba Libre y principal líder del movimiento de reforma universitaria de los estudiantes cordobeses. Escribió el Manifiesto Liminar del 15 de junio de 1918, y fue de los primeros que supo establecer la diferencia medular entre «poder estudiantil» y reforma universitaria.

Sus ideas se concretaron mas cuando el 20 de agosto de 1918 envío una carta a Leopoldo Lugones, en la que el ya famoso poeta se definía a favor de la «toma de posesión de la universidad por sus dueños naturales y legítimos; de tal suerte que la eliminación del rector debía ser un resultado directo del esfuerzo estudiantil y las reformas pertinentes una nueva aceptación por el “Congreso de las Resoluciones”.

Pero los reparos de Lugones con respecto al movimiento estudiantil comenzaron cuando el gobierno intervino. Entonces en su célebre carta dijo: “Supe de una manera fehaciente que los estudiantes habían decidido entregar la solución del asunto al Poder Ejecutivo Federal sobre la base de una nueva intervención, y como a mi entender esto comportaba el fracaso moral del movimiento, decidí no preocuparme más de él. Ha de saber usted que yo había dicho reiteradamente a mis visitantes universitarios: no creo en la buena fe de los políticos y por esto si ustedes entran con ellos en tratos, yo dejo de estar con ustedes dado que ya no sería sino instrumento de una maquinaria manejada por los políticos. Los políticos no saben otra cosa que hacer política y la hacen con todo, y sobre todo con la buena fe y el entusiasmo ajenos. Sus servicios son siempre de toma y dame, y además en forma leonina que no excluye, por otra parte, la felonía más audaz en cuanto deja de convenirles el negociado. Fuera de esto no veo lo que tenga que hacer en el asunto el Poder Ejecutivo Federal para quien concluyó la injerencia con la elección del rector, cuya realidad es indiscutible; dimanando de esta circunstancia, precisamente, la importancia del movimiento estudiantil que sólo así sale o resulta revolucionario; pues lo otro constituye una superchería leguleya que rebaja nuevamente la cuestión. Entregar el asunto al Poder Ejecutivo Federal es someter la universidad y someterse ustedes mismos a una dictadura extraña de la cual nada bueno podría salir para la libertad de la ciencia y de la conciencia. Un movimiento liberal cuyo resultado depende del Poder Ejecutivo de la Nación es un movimiento gobiernista, cualquiera que sea su aspecto exterior. Su propio éxito, si lo alcanza, no sabría quitarle semejante carácter. Y es lástima.

Nores habría caído y la ley se habría modificado por el solo esfuerzo estudiantil, que era lo grande y bello de la causa, como resultaba tan fácil verlo y como yo se los dije con insistencia indicándoles no pocos —y decisivos— recursos conducentes a dicho fin. Ahora todo se reduce a una nueva intervención y un nuevo rector que en vez de ser beato —¡y todavía!— resultará un pelmazo. Y Nores no se habría ido por el esfuerzo estudiantil sino al impulso de un empujón gubernativo.

No estoy dispuesto a ser colaborador del gobierno en una obra que no le concierne, a no ser para descaracterizarla y empequeñecerla, como ya se empieza a ver”.

Cuando Deodoro Roca hizo pública la carta del 5 de octubre de 1930, aclarando que Lugones había sido el primer teórico de la acción directa estudiantil, se dieron algunas reformas en los estatutos y la Universidad de Córdoba fue intervenida.

El 15 de junio de 1918 se convocó a la elección del rector, la cual recayó sobre el candidato reaccionario. Entonces los estudiantes expulsaron a los consejeros del salón de grados, declarando una nueva huelga general. Desde entonces, ese día fue conocido por los estudiantes argentinos y latinoamericanos como «el día del advenimiento de la nueva universidad».

Con el manifiesto dirigido a «los hombres libres de Sudamérica», los estudiantes señalaban los males que aquejaban a la enseñanza superior: «Nuestro régimen universitario, aún el más reciente, es anacrónico. Está fundado sobre una especie de derecho dividido: el derecho dividido del profesorado.».

Para Deodoro Roca el designio supremo de la reforma era sustituir al régimen oligárquico por un orden fundado en principios económicos, sociales y políticos que permitan y garanticen el libre desarrollo de la personalidad humana, y acabar con el papel de una universidad que provee a la elite gobernante. Pero reconocía Deodoro Roca que muchos males pudieron evitarse al país si aquella acción común del 18 se hubiera manifestado organizadamente.

Pero llegó 1928 y el peruano José Carlos Mariátegui advertía que el movimiento de la reforma, el cual había cundido en la nueva generación estudiantil latinoamericana, distaba mucho de proponerse objetivos exclusivamente universitarios y que, por su estrecha y creciente relación con el avance de las clases trabajadoras y con el abatimiento de viejos privilegios económicos, no podía ser entendido sino como uno de los aspectos de una profunda renovación. A su manera, así lo había entendido el obispo de Córdoba, fray Zenón Bustos, quien publicó el 24 de noviembre de 1918 la pastoral La revolución social que nos amenaza, donde afirmaba: Con ella habrá llegado aquella hora de las democracias y del proletariado, creada y saludada con ardor por los apóstoles de la demagogia, hora de subversión y de anarquía general, de agresiones y repulsas en que a la misma fuerza armada le faltaría eficacia para garantir el orden y defender el trono, porque el ejército estará igualmente contagiado de rebelión, como las masas de donde ha salido, y en vez de rechazar los asaltos subversivos, presentará las armas a los agresores. Sin freno que las contenga, serene o amanse, correrán las masas sin que haya poder que las entre en concordia con los capitales y capitalistas, las empresas y empresarios, las industrias e industriales, una vez que, por desgracia, falte en ellas la conciencia cristiana, el temor a Dios.

La generación de 1918 fue señalada por Mariátegui en sus palabras: Se percibe entre los jóvenes una angustia acerca del porvenir inmediato. Saber que ya no se podrá vivir como hasta ahora se vivía es sin duda motivo que remueve en sus adentros a jóvenes y viejos. Los jóvenes en plena formación sienten con más dureza el choque tremendo, pero dicho sentimiento no es exclusivo de los jóvenes universitarios. Drama histórico de quienes a tientas y por sus propios medios deben buscar el camino. Esas masas puestas en movimiento constituyen la condición forzosa para cerrar el hiato entre la apariencia constitucional democrática y una atrasada realidad política y social. Únicamente en ese cuadro se podrá incluir el esquema de una reforma universitaria total, presentida como culminación de la imprescindible reforma educacional. La juventud íntegra que sale a la luz pública anuncia que nace una juventud nueva, de cuya formación futura es ella la primera responsable. Es una juventud animada de coraje arrollador, que desprecia la hipocresía, no se amedrenta por las amenazas ni la represión, no se deja seducir por el halago de la compra.

Desde 1921 los cambios propuestos por los estudiantes se escucharon en varios pases de América Latina. En México el Congreso Internacional de Estudiantes; entre sus acuerdos cabe destacar la implantación de la docencia libre y la asistencia libre, y la participación de los estudiantes en el gobierno de las universidades. Los estudiantes de Chile declararon su adhesión a los siguientes puntos: autonomía de la universidad entendida como institución de los alumnos, profesores y diplomados; reforma del sistema docente mediante el establecimiento de la docencia libre y, por consiguiente, de la asistencia libre de los alumnos a las cátedras, de suerte que en caso de enseñar dos maestros una misma materia la preferencia del alumnado consagre libremente la excelencia del mejor; revisión de los métodos y del contenido de los estudios; extensión universitaria entendida como medios de vinculación efectiva de la universidad con el resto de la población.

En 1923 fueron los estudiantes de Cuba quienes lucharon por una serie de reivindicaciones: democracia universitaria y verdadera, auténtica renovación pedagógica y científica, popularización de la enseñanza.

En 1924 el arrabal de la esperanza llegó a Colombia. Los estudiantes reclamaban la organización de la universidad sobre bases de independencia, de participación de los estudiantes en su gobierno, así como nuevos métodos de trabajo. En su programa decían: «Que al lado de la cátedra funcione el seminario, se abran cursos especiales, se creen revistas. Que al lado del maestro titular haya profesores agregados y que la carrera del magisterio exista sobre bases que aseguren su porvenir y den acceso a cuantos sean dignos de tener una silla en la universidad.»

En 1926 los estudiantes de la Universidad de Lima, ya habían librado batallas en 1919 y 1923, proclamaron la siguiente reforma: defensa de la autonomía de las universidades, participación de los estudiantes en la dirección y orientación de sus respectivas universidades o escuelas especiales, derecho de voto por los estudiantes en la elección de rectores de las universidades, renovación de los métodos pedagógicos, voto de honor de los estudiantes en la provisión de las cátedras, incorporación a la universidad de los valores extrauniversitarios, socialización de la cultura, universidades populares.

Los aportes de Mariátegui siguieron: El movimiento de la reforma tenía lógicamente que atacar, ante todo, la estratificación conservadora de las universidades. La provisión arbitraria de las cátedras, el mantenimiento de profesores ineptos, la exclusión de la enseñanza de los intelectuales independientes y renovadores, se presentaban claramente como simples consecuencias de la docencia oligárquica. El estudiantado insurgente comenzó a comprender que el carácter oligárquico de la docencia y la burocratización y estancamiento de la enseñanza eran dos aspectos del mismo problema. Las nuestras han sido universidades de técnicos. Siguen siéndolo aún. ¿Y qué? Si la universidad, antes que ese invernáculo de cultura humanista que creyó ser la «universidad» tradicional, es ahora el lugar donde han de ir a resolverse en última instancia los problemas de la técnica, la universidad está demostrando, con ellos mismos, que se sitúa en el único plano de progreso válido para el régimen capitalista, que es el plano de fomento técnico en relación con las necesidades de la industria. Resulta visible que el programa democrático de la reforma alude a las conexiones entre la sociedad y la cultura. Y si las condiciones del país no se han modificado esencialmente en cuanto a su estructura ni en cuanto a su dependencia del imperialismo, ello quiere decir que los lemas esenciales de la reforma siguen siendo intrínsecamente válidos. La educación laica es punto básico en la reordenación del proceso cultural, base de toda educación racional y científica que habilite al ciudadano para la investigación y el conocimiento.

El líder de la revuelta de Córdoba, Deodore Roca sentenció: «El puro universitario es una monstruosidad.» Con este criterio comulgaron quienes en 1932 en la Argentina convocaron al Segundo Congreso de Estudios Universitarios. Ahí se apreció, con más intensidad que antes, que los males de la universidad no podían separarse de los males de la sociedad en su conjunto. En uno de los documentos se expresaba: No se entiende la universidad como un organismo del Estado para la formación de las clases dirigentes y la cristalización de las verdades normales de la época, sino como un organismo de los estudiosos para transmitir sus conocimientos a todo el pueblo, y el laboratorio donde se analicen las ideas científicas, filosóficas, artísticas y sociológicas, con el propósito de dar una cultura en función social para una actuación consciente en las diversas manifestaciones del vivir individual y colectivo. La misión de la universidad es social en cuanto aquella enseñanza se orienta a incidir sobre la marcha y el perfeccionamiento íntimo y formal de la sociedad en la que la universidad actúa.

Estos sentimientos aún están presente en el sector mas sensible de nuestra sociedad: los estudiantes, y seguros estamos que los cambios que se han tardado tanto y tanto se han esmerado en detener, vendrán con los estudiantes y todos los convencidos en adelante.

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