Al-Zawahiri más asesino que Bin Laden. Por Miguel A. Jaimes N.

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Viernes, 23/03/2012 05:59 PM

El egipcio Aymán al-Zawahiri es el nuevo jefe de Al-Qaeda, sucesor de Ben Laden, caracterizado por ser un asesino aún más radical. Mientras la mentira mediática daba alardes de alegría anunciando que el mayor terrorista del mundo había sido dado de baja, ahora el orbe tendrá que soportar la mala hora de un sucesor que radicalizo a Laden llevándolo a romper con las principales líneas islamistas moderadas en la Yihad islámica (Guerra Santa) de Afganistán.

De la Yihad salieron los Yihadistas, terroristas baratos, provenientes de Afganistán. Ben Laden había sido considerado como un joven de la “rama pobre”, pesaba sobre él que su madre fuera siria. Aunque es proveniente de las familias más ricas de Arabia Saudí, considerado como un idealista sin experiencia política, estrictamente religioso y muy próximo a los Hermanos Musulmanes, quienes gobiernan ya, parte de El Magreb africano y del Medio Oriente, derrumbando a gobiernos que consideren ilegales, esto según la interpretación del Califato que dice encontrar la red terrorista dentro del Islam.

Al-Qaeda fue creada, financiada y entrenada durante el gobierno del republicano Ronald Reagan en los años ochenta para hacerle frente a los rusos que volaron para defender a Afganistán.

La resistencia afgana fue manejada por el saudí Adbalá Azzam y el comandante guerrillero afgano Ahmad Shan Masud, conocido como “el león del Panjshir”, por su eficacísima resistencia a los soviéticos que ocuparon el país y el partido Jamiat Islami (Asociación Islámica). Desde aquella época Bin Laden simpatizaba con estos movimientos ultrarradicales.

Y llegó Al-Zawahiri cambiando todo, radicalizando los conflictos desde entonces. Era miembro de la heterogénea y peligrosa banda de los Hermanos Musulmanes, pero de una versión más radical.

Al-Zawahiri fue señalado del asesinato del presidente de Egipto, Anuar el Sadat. Incluso el ex presidente bosnio, Alia Izetbegovic, radical de derecha era su socio.

Bin Laden se graduó de ingeniero, era miembro de una familia multimillonaria, mientras que Al-Zawahiri es médico y pertenece a la clase media alta.

Pero Al-Zawhiri nunca tuvo entrada a las fortunas de los jeques árabes, ni a las familias reales de la región, mientras que Bin Laden siempre disfrutó de todo esto. Pero Al-Zawhiri incursionó en su formación político, curtido en mil batallas y experto en torturar. Aunque después del asesinato del presidente egipcio Sadat, la policía lo arrestó, siendo torturado, de los cual dijo una frase memorable: «La muerte es más misericordiosa que la tortura».

Siendo torturado delató a uno de los jefes del magnicidio, el oficial del Ejército Isam al-Qamari, al que definió en sus memorias como “Caballeros bajo la bandera del Profeta”, considerado por él, como una persona noble en el sentido estricto de la palabra. Qamari fue detenido como consecuencia de la delación de al-Zawahiri. Y, en un golpe perverso, las autoridades egipcias pusieron a ambos (delator y delatado) en la misma celda. El que sería número dos de Al Qaeda fue puesto en libertad tres años después.

Al-Zawahiri es ideólogo, esa es su diferencia con Bin Laden, y convenció al máximo terrorista para atacar al enemigo lejano (Estados Unidos) en lugar de Gobiernos regionales, todo para restaurar la pureza del Islam. También convenció a Laden para asesinar a Abdalá Azzam, fundamentalista moderado, cuando éste se aproximó a Masud, último líder que resistía a los talibán y a Al Qaeda con apoyo activo de India y símbolo de EEUU en 1989.

Finalmente, 48 horas antes del 11-S, el propio Masud  fue asesinado por orden de Bin Laden, con el objetivo de liquidar cualquier fuerza que pudiera apoyar a EEUU cuando ese país reaccionara tras los atentados.

No caben dudas que Ayman Al-Zawahiri fue el hombre que radicalizó a Bin Laden. Su alrederor estaba signado por esta corriente. Su esposa prefirió morir sepultada en los escombros de un bombardeo estadounidense antes de permitir que los hombres que trataban de rescatarla pudieran ver su cara. De hecho, el virtual sucesor de Bin Laden lleva en la clandestinidad alrededor de 47 años, es decir, desde sus quince años de edad.

En ese lapso, empezó a organizar los grupos de Hermanos Musulmanes en Egipto. Después de salir de la cárcel por el magnicidio de Sadar, se trasladó Pakistán, Arabia Saudí y finalmente a Sudán.

Desde estos tres países dirigió la actuación de la Yihad Islámica Egipcia, un grupo que realizó ataques tan salvajes contra civiles que acabó provocando un rechazo tal que quedó virtualmente desapareciendo. Al-Zawahiri viajó a EEUU, donde gozó de buenos contactos con la CIA, y recaudó fondos para su Guerra Santa. No fue hasta 1998 cuando la Yihad Islámica Egipcia se fusionó con el grupo de Bin Laden.

Estas eran en realidad dos bandas marginales del mundo islámico que contaban con unos pocos activos: los contactos de Bin Laden, el apoyo del servicio de inteligencia pakistaní (ISI) y la feroz ideología de Al-Zawahiri.

El fallecido líder de Al Qaeda siempre busco un maestro, una figura paterna, que sustituyera a su propio progenitor, para quien él era un hijo de segunda, tenido con una extranjera y alejado de su círculo íntimo.

Al-Zawahiri, mayor, más versado en política y en Islam, conocedor del mundo, y capaz de expresarse en francés e inglés «podía cumplir ese papel», que antes había desempeñado Azzam. Sin embargo, Al-Zawahiri fue demasiado violento y radical en su formación.

Su odio por los chiíes de Irán es casi tan grande como el que tiene por los judíos, los cristianos y musulmanes que son la mayoría, escasea de cualquier estrategia que implique respetar mínimamente a los civiles. Su carácter es el de un fascista carnicero. Esta es una de las creaciones de los republicanos de EE.UU

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http://www.aporrea.org/internacionales/a140670.html

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