Monseñor Mario Moronta gobernador del Táchira

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Por: Miguel A. Jaimes N. (*) – M sc. Ciencias Políticas

Miércoles, 29/07/2009 06:04 PM

Las velas de la fé
Yo creía que la ruta pasaba por el hombre,
Y que de allí tenía que salir el destino.

Pablo Neruda.

Allá por la calle tres, aun lado de la estatua del fundador de San Cristóbal, Juan de Maldonado, se encuentra La Catedral, única del país que no está al lado de Plaza Bolívar o Gobernación, aquí por razones históricas y únicas de sus habitantes gusto que esta estuviese al lado de la Plaza Sucre.

Catedral rodeada en uno de sus lados y frente por viejos y sufridos barrios, al otro se en encuentran arcaicas estructuras de un centro de ciudad con antiguas casas de tejas enmohecidas y tímidas distribuciones comerciales.

Esta importante población del país, quienes la llaman; allá por Táchira o los andes, deben saber que está dominada por una represiva y mafiosa policía al mando del gobernador Pérez Vivas, cuenta con calles y carreteras integralmente destruidas.

Todo esto bajo el mando copeyano de estrategas con arruinadas mentes quienes planifican el desastre y el caos desde la nueva sede de la gobernación.

Van rumbo al primer año de gobierno y el sicariato campea, sepa Venezuela que todos los días en cualquiera de sus veinte y nueve municipios del estado aparecen asesinados quienes aquí habitan. Y así, cientos de problemas que impulsan radicalmente desde este local gobierno opositor.

Se gastan los millones de la Lotería del Táchira en cantidades de jingles que a cada momento y desde todas las radios, alteran con una recién montada canción alusiva a la imagen de un gobernador opaco, gris, el cual ve guerrilleros y grupos armados bolivarianos por todas partes, pero ni se percata de los cientos de paramilitares que se aprovisionan económicamente desde este estado. Misterios de la ciencia como anunciara cierto mechudo por allí.

Ante esto, los fieles piden desde la homilía no siga haciéndose política bajo el discreto encanto de la burguesía. Monseñor Mario Moronta afirma, si tenemos sensibilidad social, si transitamos el mismo camino del pueblo, si sudamos con sus esperanzas, entonces, tu iglesia es mi iglesia y caminaremos con quien afirme: “soy un pastor que trata de leer los signos de los tiempos”.

Mario Moronta lleva treinta y cuatro años en el sacerdocio y no se le escapa el tiempo al señalar: “hay gente que no se cree gente”. Reclama un mundo donde se respete por lo que eres y no, por lo que tienes. Nuestra iglesia debe dejar de perseguir los privilegios para ponerse a un lado de quienes construyen una nueva sociedad socialista.

Su conducta nos indica que nunca pudo haber estado de acuerdo contra innumerables actos catastróficos de la oposición, ejemplo, el trance de firma del carmonazo. Moronta sabe que la iglesia en su gran conformación no dice la verdad y menos esta llamada a tumbar ni poner gobiernos, la ética y la moral debiera ser fuerza para advertir y conducir a sus millones de fieles.

El Monseñor no peca de ignorancia al señalarnos que en el estado Táchira existe una muy viva religión, y siente los duros conflictos sociales hoy agudizados con el gobernador Pérez Vivas, hay secuestro, violencia, narcotráfico, un estado despedazado, sin buenas carreteras, represivo en sus instituciones y policías. Solo monseñor ha podido denunciar hechos que están pasando, hay tráfico de niños, desaparecen jóvenes, el sicariato reina, la extorsión brilla.

Usted monseñor, rechaza las actuaciones de Baltazar Porras, sabe que allá desde el pulpito de la Basílica de Mérida con la homilía se desconoce y abiertamente se atacan todas las buenas acciones y logros de este gobierno, esto sumado a las palabras irritantes de los monseñores de Coro, Maracaibo y del Cardenal desde Caracas.

Mientras otros Monseñores andan en vagabunderías como el de Mérida que oculta a sus hijos y enmascara negocios inmundos desde lo que considera su Basílica. Moronta blande su preocupado escapulario ante la gravedad de una iglesia hundida en el deterioro general.

El Táchira, tenue y noble estado andino debe ser gobernado por quien desde toda su vida se ha dedicado a sentir y trabajar por los desposeídos, por quienes no alcanzan a sentir su voz.

Los problemas del Táchira no son únicamente una contrariedad de fronteras, este estado sufre entre otros males del asesinato de niños y jóvenes para el tráfico de órganos, aun cuando los Consejos Estadales del Niño y del Adolescente manifiesten al Monseñor “Ud., está exagerando”. Esto debe investigarse, ya que la duda de un organismo oficial ante respetable palabra genera dudas y muchas preguntas. Debemos ir contra los que nunca van a sudar las esperanzas del pueblo y exoneran sin reflexionar.

La fundación de esta república debe ver dentro de sus cambios la verdadera conducta de Mario Moronta, gestión seria y altiva que bien lo puede llevar a ser el próximo Gobernador de este Estado.

Monseñor tiene usted ahora la palabra, antes de responder, recuerde su responsabilidad para con este su Estado y todos sus feligreses en esta hora nacional que es otra y no es la misma del ayer.

(*) Doctorando

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