Cultura Petrolera

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Por: Miguel A. Jaimes N.

Abogamos por una nueva cultura petrolera, rápida, inmediata, prolífica en su moral, con relaciones de intercambio respetuoso. No una política petrolera representada en décadas de integración falsa como la vivida con Colombia la cual nos ha dejado ásperas secuelas de mucho daño, la cual en vez de constituir acuerdos de amplio apoyo ha constituido una mafia del contrabando con nuestro combustible lo cual está acelerando trágicos daños de amplias secuelas delincuenciales. Es decir, un vecino vivo, innecesario en las nuevas relaciones comerciales.

Debemos tener cuidado con estos nuevos nichos pues se constituyen y yacen sobre creencias, valores y sistemas valorativos confusos, es decir, no apuntan a la verdad o veracidad y muchos pueden verse confundidos al crear nuevos valores, entre ellos, naturalmente, ignorados códigos éticos. Uno de los rasgos que caracterizan a una auténtica cultura organizacional —bien gerenciada— es la consistencia y su consecuente productividad organizativa y social. Notorio es que las bóvedas y sistemas jerárquicos esbozados empleen un diagrama fluido, multidimensional nos daría una buena idea de elementos estructurales propios de una gerencia basada en el nuevo respeto de integración.

Los nuevos sistemas jerárquicos por los que abogamos no deben ser estáticos ni aplanados. Deben poseer capas diversas, pero las actuales están conformadas por antiguos sistemas de creencias, códigos obsolescentes, y desvíos estructurales. Pero la nueva gerencia petrolera en suma, es que todo funcione y funcione bien.

En este sentido la noción de liderazgo desaparece o se atenúa o, en el mejor de los casos, se desplaza a un ente abstracto que no por ello deja de operar. Pero advertimos que el peor enemigo de esta nueva cultura subyace en la estaticidad o rigidez al practicar los viejos sistemas y modelos. Por la misma razón se habla de proactividad. La proactividad es el ejercicio de los sistemas jerárquicos —veritativos, valorativos y de creencias— en su facilidad de cambio y creación de nuevos escenarios. O en otras palabras, la proactividad es la puesta en escena de la visión convertida en misión de manera simultánea. Estamos mal acostumbrados a estas dos palabras. Entendemos por misión lo que estamos produciendo aunque no muy conformes con los resultados. Y por visión el deber ser, algo así como una entelequia, un objetivo que debe lograrse ciertamente en un plazo más o menos perentorio.

Nuestro abordaje sugiere que cada misión sea la consecución de la visión. Pongamos el ejemplo de Petrocaribe. No debe confundirse la díada misión-visión como una suerte de instantaneísmo, algo que se da de manera aleatoria. Por el contrario, nuestra manera de percibir el problema de la misión-visión implica una praxis, a saber, un pensamiento racionalizado susceptible de ser objetivado en la realidad. Este paso de lo pensado razonablemente a lo concreto es lo que llamaríamos consistencia.

Pero existe otro problema incluido en lo cultural: los sistemas de creencias. Toda creencia, es copartícipe de una permanente resistencia al cambio. Es opuesta, mecánica, conspirativa y considera al ser humano como una máquina. En cambio, el seno de la flexibilidad es el denominador común, un verdadero principio de integración subregional como el experimentado por Venezuela en el Cono Sur. No existe nada fijo, ni siquiera lo fijo es fijo. Sólo existen redes interconectadas que de súbito desaparecen o se integran a otros sistemas de redes. En lo atinente a los sistemas de creencias y, en general, a la idiosincrasia de los miembros de una mega empresa como Petrocaribe, todos, absolutamente todos, deben profesar la flexibilidad o la adaptabilidad.

Por eso la relación entre adaptación y cultura insiste en una cultura consistente en sus respuestas colectivas las cuales han comprobado ser adaptables anteriormente para una determinada organización social. Cuando una organización se encuentra frente a una situación nueva, primero ensaya las respuestas colectivas aprendidas que ya forman parte de su repertorio. Además, estas respuestas tienen sentido para los miembros de la organización porque también ellas representan estrategias de individuos para adaptarse con éxito a la propia organización en el transcurso del tiempo.

El proceso de adaptación contribuye a la cultura de un sistema social, pero hace poco para ayudar a explicar la forma como la cultura de un sistema social contribuye a la adaptación.

Para formar una teoría proactiva de la adaptación organizacional, necesitamos describir un sistema de normas y creencias que pueda apoyar la capacidad de una organización para recibir, interpretar y traducir señales desde su ambiente hacia cambios comportamentales internos que aumenten sus probabilidades de supervivencia, crecimiento y desarrollo.

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